¿Te salvara Dios donde quiera?

de Florida. Nosotros hemos respondido ha un llamado. El llamado
que en si es para todos los hijos de Dios. Salir de las ciudades. Así
como en la destrucción de Jerusalén hubieron señales para el pueblo
de Dios. Dios nos ha dado en su gran misericordia señales para
nosotros salir a tiempo y no ser participes de las plagas. Solo es
nuestro deber pedir a Dios su dirección y cumplir con su voluntad.
Ahora, hemos escuchado muchos comentarios de que “Dios te salva
donde quiera que estés.” Nos duele en el alma que esta sea parte de la
filosofía del pueblo de Dios que ha recibido tanta luz. ¡Hemos visto
tantos ejemplos en las Sagradas Escrituras de que Dios no te salva
donde quiera!


Un ejemplo bien claro es la historia de Lot: ¿Porque tuvo que salir
Lot de Sodoma? ¿Por qué no se pudo haber quedado? ¿No hubiera
                                        podido Dios salvarlo en ese lugar?
*
                     













toquéis lo inmundo!’ (2 Corintios 6:17).
* Aquellos que obedezcan
esta amonestación encontraran un refugio. ¡Que cada hombre este
bien despierto y procure salvar a su familia! Que se ciña para realizar
el trabajo. Dios revelara punto por punto que debe hacer después.”
*

*Esta cita nos revela tres puntos importantes:
-Primero, que era el deseo de Dios sacar a Lot de Sodoma.
-Segundo, que Dios no lo iba a salvar estando en ese lugar. Por eso
envió a sus ángeles.
-Tercero, Lot, por su dilación escogió mejor huir que salir. No es lo
mismo huir que salir. Si hubiera salido cuando Dios lo deseo, su
esposa no hubiera muerto. Así también va a pasar en estos días. Los
que salgan, van a salir con lo necesario. Los que huyan, tendrán que
salir sin nada y arriesgan sus vidas, también las de sus seres queridos,
y muchos huirán solos.
*

*Lot recorrió la llanura de mala gana y con lentitud. Se había
asociado por tanto tiempo con la gente impía que no logro
comprender el peligro que corría hasta que su esposa quedo en la
llanura en una estatua de sal. (Mensajes Selectos tomo 2, p. 406-407)
“El Señor llama a su pueblo a establecerse lejos de las ciudades,
porque en una hora como la que no pensamos, lloverán del cielo
fuego y azufre sobre ellas. Su castigo será proporcional a
sus pecados.”(Manuscritos p.1, 518)
*

*¿Cuándo obedeceremos al mandato de Dios
de salir de la ciudad?

¿Debe el cristiano sentir temor? *
*Oíd la voz de Dios hablar por medio del apóstol Pablo: “Ocupaos
por nuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en
vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”
(Filipenses 2:12-13)
*

*La contestación es: ¡Si! ¡El temor es necesario! ¡El Temor que te lleve
hacer la voluntad de Dios! Necesitamos preocuparnos por nuestra
salvación con temor y temblor para que hagamos la voluntad de
Dios. No nuestra voluntad, que casi siempre entraña una comodidad
y nos lleva a una seguridad falsa, sino la voluntad que nos lleva a la
protección
de Dios.

Si nosotros supiéramos realmente lo que viene pronto, sinceramente
temeríamos por nuestras vidas.

Otro ejemplo, es la historia de
La destrucción de Jerusalén:
Conflicto de los Siglos














*Jerusalén había sido honrada por Dios sobre toda la tierra.
El Señor había
*“elegido a Sion; deséala por habitación para sí.”
(Salmos 132:13)
*
De haberse mantenido Israel como nación fiel al Cielo, Jerusalén
habría sido para si para siempre la elegida de Dios.
*(Jeremías 17:21-
25)
* Pero la historia de aquel pueblo tan favorecido era un relato de
sus apostasías y sus rebeliones. Había resistido la gracia del Cielo,
abusado de sus prerrogativas y menospreciado sus oportunidades. A
pesar de que los hijos de Israel
*“hacían escarnio de los mensajeros de
Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas” (2
Crónicas 36:16)
*, el Señor había seguido manifestándoseles como *
“Jehová, fuerte, misericordia, y piadoso; tardo para la ira, y grande
en benignidad y verdad.”
(Éxodo 34:6)
* Y por mas que le rechazaran una y otra vez, de
continuo había seguido instándoles con bondad inalterable. Mas
grande que la amorosa compasión del padre por su hijo era el solicito
cuidado con que Dios velaba por su pueblo enviándole
*
“amonestaciones por mano de sus mensajeros, madrugando para
enviárselas; porque tuvo compasión de su pueblo y de su morada.” (2
Crónicas 36:15)
* Y al fin, habiendo fracasado las amonestaciones, las
reprensiones y las suplicas, les envió el mejor don del cielo; mas aun,
derramo todo el cielo en ese solo Don.

El Hijo de Dios fue enviado para exhortar a la ciudad rebelde.
Durante tres anos, el Señor de la luz y de la gloria estuvo yendo y
viniendo entre su pueblo.
A pesar de recibir por recompensa el mal por el bien y el odio a
cambio de su amor
*(Salmo 109:5)*, prosiguió con firmeza su misión
de paz y misericordia. Jamás fue rechazado ninguno de los que se
acercaron a El en busca de su gracia.

Desde lo alto del monte de los Olivos miraba Jesús a Jerusalén, que
ofrecía a sus ojos un cuadro de hermosura y de paz. Resaltaban a la
vista las construcciones esplendidas del templo, cuyos muros de
mármol blanco como la nieve estaban entonces iluminados por los
últimos rayos de sol poniente que al hundirse en el ocaso hacia
resplandecer el oro de puertas, torres y pináculos. Y así destacabase la
gran ciudad, “perfección de hermosura,” orgullo de la nación judaica.
¡Que hijo de Israel podía permanecer ante semejante espectáculo sin
sentirse conmovido de gozo y admiración! Pero eran muy ajenos a
todo esto los pensamientos que embargaban la mente de Jesús.
*













“Como llego cerca, viendo la ciudad, lloro sobre ella.” (S. Lucas 19:
41.)
* El, el Hijo de Dios, lloraba, no presa de común abatimiento,
sino dominado por intensa e irreprimible agonía. No lloraba por si
mismo, por mas que supiera adonde iba. Getsemani, lugar de su
próxima y terrible agonía, extendiese ante su vista. Lloraba por el
fatal destino de los millares de Jerusalén, por la ceguedad y por la
dureza de corazón de aquellos a quienes el viniera a bendecir y salvar.
Cruzando los siglos con la mirada, vio al pueblo del pacto disperso
en toda la tierra, “como náufragos en un aplaya desierta.” La
Compasión divina y el sublime amor de Cristo hallaron su expresión
en estas lúgubres palabras:
*“!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los
profetas, y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuantas veces quise
juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y
no quisiste!” (S. Mateo 23:37)
* ¡Oh! ¡si tu, nación favorecida entre
todas, hubieras conocido el tiempo de tu visitación y lo que atañe a
tu paz! Yo detuve al ángel de justicia y te llame al arrepentimiento,
pero en vano. No rechazaste tan solo a los siervos ni despreciaste tan
solo a los enviados y profetas, sino al Santo de Israel, tu Redentor. Si
eres destruida, tu sola tienes la culpa.
*“No queréis venir a mi, para
que tengáis vida.”
(S. Juan 5:40.)
*

La hora de esperanza y de perdón transcurrió rápidamente. La copa
de la ira de Dios, por tanto tiempo contenida, estaba casi llena.

Los discípulos creyeron que la destrucción de Jerusalén coincidiría
con los sucesos de la venida personal de Cristo. Cristo les había
anunciado que volvería, y por eso al oírle predecir los juicios que
amenazaban a Jerusalén, se figuraron que ambas cosas sucederían al
mismo tiempo y, al reunirse en derredor del Señor en el monte de los
Olivos, le preguntaron:
*“Cuando serán estas cosas, y que señal habrá
de tu venida, y del fin del mundo?” (Mateo 24:3)
*

La profecía del Señor entrañaba un doble significado: al par que
anunciaba la ruina de Jerusalén presagiaba también los horrores
del gran día final.
Jesús declaro a los discípulos los castigos que iban a caer sobre el
apostata Israel y especialmente los que debería sufrir por haber
rechazado y crucificado al Mesías. Iban a producirse  señales
inequívocas, precursoras del espantoso desenlace. La hora aciaga
llegaría presta y repentinamente. Y el Salvador advirtió a sus
discípulos:
*“Por tanto, cuando viereis la abominación del
asolamiento, que fue dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar
santo (el que lee, entienda), entonces los que están en Judea, huyan a
los montes.” (S. Mateo 24:15, 16; S. Lucas 21:20.)
* Tan pronto como
los estandartes del ejército romano idolatra fuesen clavados en el
suelo sagrado, que se extendía varios estadios mas allá de los muros,
los creyentes en Cristo debían huir a un lugar seguro. Al ver la señal
preventiva, todos los que quisieran escapar debían hacerlo sin tardar.
El Señor había dicho por el profeta Miqueas:
*“Oíd ahora esto,
cabezas de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que
abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho; que edificáis a Sion
con sangre, y a Jerusalén con injusticia; sus cabezas juzgan por
cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan
por dinero; y apoyanse en Jehová diciendo: ¿No esta Jehová entre
nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.” (Miqueas 3:9-11)
*
Estas palabras dan una idea cabal de cuan corrupto eran los
moradores de Jerusalén y de cuan justos se consideraban. A la vez que
decían escrupulosos observadores de la ley de Dios, quebrantaban
todos sus preceptos.

Dios aplazo a sus juicios sobre la ciudad y la nación hasta cosa de
cuarenta años después que Cristo hubo anunciado el castigo de
Jerusalén.

Todas las predicciones de Cristo acerca de la destrucción de Jerusalén
se cumplieron al pie de la letra.

Aparecieron muchas señales y maravillas como síntomas precursores
del desastre y de la condenación. A la media noche una luz extraña
brillaba sobre el templo y el altar. En las nubes, a la puesta del sol, se
veían como carros y hombres de guerra que se reunían para la batalla.
Los sacerdotes que ministraban de noche en el santuario eran
aterrorizados por ruidos misteriosos; temblaba la tierra y se oían
voces que gritaban: "¡Salgamos de aquí!" La gran puerta del oriente,
que por su enorme peso era difícil de cerrar entre veinte hombres y
que estaba asegurada con formidables barras de hierro afirmadas en
el duro pavimento de piedras de gran tamaño, se abrió a la media
noche de una manera misteriosa.

Durante siete años un hombre recorrió continuamente las calles de
Jerusalén anunciando las calamidades que iban a caer sobre la
ciudad. De día y de noche entonaba la frenética endecha: "Voz del
oriente, voz del occidente, voz de los cuatro vientos, voz contra
Jerusalén y contra el templo, voz contra el esposo y la esposa, voz
contra todo el pueblo."

Este extraño personaje fue encarcelado y azotado sin que exhalase
una queja. A los insultos que le dirigían y a las burlas que le hacían,
no contestaba sino con estas palabras: "¡Ay de Jerusalén! ¡Ay, ay de
sus moradores!" y sus tristes presagios no dejaron de oírse sino
cuando encontró la muerte en el sitio que él había predicho.
Ni un solo cristiano pereció en la destrucción de Jerusalén. Cristo
había prevenido a sus discípulos, y todos los que creyeron sus
palabras esperaron atentamente las señales prometidas. "Cuando
viereis a Jerusalén cercada de ejércitos - había dicho Jesús, - sabed
entonces que su destrucción ha llegado.

La previsora misericordia de Dios había dispuesto los
acontecimientos para bien de los suyos. Ya estaba dada la señal a los
cristianos que aguardaban el cumplimiento de las palabras de Jesús, y
en aquel momento se les ofrecía una oportunidad que debían
aprovechar para huir, conforme a las indicaciones dadas por el
Maestro. Los sucesos se desarrollaron de modo tal que ni los judíos ni
los romanos hubieran podido evitar la huída de los creyentes.

Millares murieron a consecuencia del hambre y la pestilencia. Los
afectos naturales parecían haber desaparecido: los esposos se
arrebataban unos a otros los alimentos; los hijos quitaban a sus
ancianos padres la comida que se llevaban a la boca, y la pregunta
del profeta:
*"¿Se olvidará acaso la mujer de su niño mamante?"
recibió respuesta en el interior de los muros de la desgraciada ciudad,
tal como la diera la Santa Escritura: "!Las misericordiosas manos de
las mujeres cuecen a sus mismos hijos! ¡Éstos les sirven de comida en
el quebranto de la hija de mi pueblo!"
(Isaías 49: 15; Lamentaciones 4: 10)
*

Miles y miles de judíos perecieron. Por sobre el ruido de la batalla, se
oían voces que gritaban: "¡Ichabod!" -la gloria se alejó.

Deben guardarse los hombres de no menospreciar el aviso de Cristo
respecto a su segunda venida; porque como anunció a los discípulos
la destrucción de Jerusalén y les dio una señal para cuando se
acercara la ruina, así también previno al mundo del día de la
destrucción final y nos dio señales de la proximidad de ésta para que
todos los que quieran puedan huir de la ira que vendrá. Dijo Jesús:
*"
Y habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y sobre la
tierra angustia de naciones." (S. Lucas 21: 25, S. Mateo 24: 29;
Apocalipsis 6: 12 - 17.) "Cuando viereis todas estas cosas, sabed que
está cercano, a las puertas." (S. Mateo 24: 33.) "Velad pues " (S.
Marcos 13: 35)
*, es la amonestación del Señor. Los que le presten
atención no serán dejados en tinieblas ni sorprendidos por aquel día.
Pero los que no quieran velar serán sorprendidos, porque
*"el día del Señor vendrá así como ladrón de noche."
(1 Tesalonicenses 5: 1-5.)
*

El mundo no está hoy más dispuesto a creer el mensaje dado para
este tiempo de lo que estaba en los días de los judíos para recibir el
aviso del Salvador respecto a la ruina de Jerusalén. Venga cuando
venga, el día de Dios caerá repentinamente sobre los impíos
desprevenidos. El día menos pensado, en medio del curso rutinario de
la vida, absortos los hombres en los placeres de la vida, en los
negocios, en la caza al dinero, cuando los guías religiosos ensalcen el
progreso y la ilustración del mundo, y los moradores de la tierra se
dejen arrullar por una falsa seguridad, - entonces, como ladrón que a
media noche penetra en una morada sin custodia, así caerá la
inesperada destrucción sobre los desprevenidos
*
*"y no escaparán." (Vers. 3.)*

*No ha sido fácil salir de la comodidad, e ir a un lugar
donde nunca hemos ido. Pero cuando Dios llama, cuando
Dios envía las señales ya profetizadas tenemos que responder y
actuar según sus instrucciones. Su palabra es clara, y el espíritu de
profecía lo profetizo hace muchos años atrás lo que hay que hacer.
La ley dominical pronto estará en vigencia. Ya que la unión con el
estado y la iglesia esta a punto de ocurrir por causa de la crisis
económica mundial. Estos son señales indudables de que estamos
viviendo en las primeras fases del fin del tiempo. No podemos
prepararnos de la forma que nosotros pensamos que esta bien, sino
debemos de cumplir con las exigencias de Dios para nuestra propia
salvación. Nosotros respondimos al llamado de ir a Honduras,
pero como Dios trabaja en formas misteriosas, no podemos pretender
cuestionar su forma de guiarnos. Nosotros por fe respondimos y Dios
nos guió hasta aquí, El Salvador. Dios sabrá cual es nuestro propósito
                                            y cual será nuestro próximo paso.

































maravilloso mas allá de lo que nosotros pudimos ver. Nosotros
ahoramismo estamos en El Salvador. Dios sabe porque, y hemos
visto su mano protegiéndonos desde que salimos de los Estados
Unidos. No estamos en Honduras porque ese fue su plan desde el
principio. Nos dirigió para El Salvador por lo que esta pasando en
Honduras ahora mismo. Para que nosotros no fuéramos participes de
esos eventos horribles que están sucediendo.

Hace aproximadamente 110 a 120 años que la profetiza inspirada
por Dios dio el aviso de salir de las ciudades. Y todavía la mayoría
están esperando una señal para tomar el paso cuando hacen años que
Dios dio el aviso de salir.
El amor de Dios te da el valor para cumplir con sus mandatos. No es
fácil. Pero a través de la consagración Dios te da las fuerzas y el valor
para seguirlo donde quiera que el te guié.
*

*¿Por qué hay muchos que no entienden el tiempo solemne que
vivimos, y la urgencia de esta amonestación?*

CS p. 403 *…El Señor es muy misericordioso y compasivo; todos
sus caminos son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto
y sus testimonios.
(Esa misericordia le pertenece a los que guardan su pacto y sus
testimonios)

“La revelación que Dios le dio, para manifestar las cosas que deben
suceder pronto…Bienaventurado el que lee y los que oyen las
palabras de esta profecía y guardan las cosas en ella escritas: porque
el tiempo esta cerca.”
*(Apocalipsis 1: 1-3)*

El profeta dice: “Bienaventurado el que lee” –hay quienes no quieren
leer; la bendición no es para ellos. “Y los que oyen”- hay algunos,
también, que se niegan oír cualquier cosa relativa de las profecías; la
bendición no es tampoco para esa clase de personas. “Y guardan las
cosas en ella escritas” –muchos se niegan a tomar en cuenta las
amonestaciones e instrucciones contenidas en el Apocalipsis. Ninguno
de ellos tiene derecho a la bendición prometida. Todos los que
ridiculizan los argumentos de la profecía y se mofan de los símbolos
dados solemnemente en ella, todos los que se niegan a reformar sus
vidas, y a prepararse para la venida del Hijo del hombre, no serán
bendecidos.

A San Juan le fueron descubiertos cuadros de la experiencia de la
iglesia que resultaban de interés profundo y conmovedor. Vio las
circunstancias, los peligros, las luchas y la liberación final del pueblo
de Dios. Consigna los mensajes finales que han de hacer madurar la
mies de la tierra, ya sea en gavillas para el granero celestial, o en
manojos para los fuegos de la destrucción. Fueron le revelados
asuntos de suma importancia, especialmente para la ultima iglesia,
con el objeto de que los que se volviesen del error a la verdad
pudiesen ser instruidos con respecto a los peligros y luchas que les
esperaban. Nadie necesita estar a obscuras en lo que concierne a lo
que ha de acontecer en la tierra.

¿Por qué existe, pues, esta ignorancia general acerca de tan
importante porción de las Escrituras? ¿Por qué es tan universal la
falta de voluntad para investigar sus enseñanzas? Es resultado de un
esfuerzo del príncipe de las tinieblas para ocultar a los hombres lo
que revela sus engaños. Por esto Cristo, el Revelador, previendo la
guerra que se haría al estudio del Apocalipsis, pronuncio una
bendición sobre cuantos leyesen, oyesen, y guardasen las palabras de
la profecía.
(Conflicto de los Siglos p. 389 & 390)
Una amonestación a nuestras iglesias
* Nuestro comentario personal

* Las Sagradas Escrituras

* El Espiritu de Profecia
*“Los ángeles de la misericordia
apresuraron a Lot, a su esposa y a
sus hijas tomándolas de las
manos.” Si Lot se hubiera
apresurado tal como el Señor lo
deseaba, su esposa no se hubiera
convertido en una estatua de sal.
Lot adolecía con un marcado
espíritu de dilación. No seamos
como el era. La misma voz que
amonesto a Lot a que saliese de
Sodoma, nos ruega:
*‘¡Salid de en
medio de ellos y apartados, y no
Abrahán pasó por un momento
agonizante de camino al
holocausto. El fue con el
propósito de sacrificar a su
hijo, y por fe siguió la voluntad
de Dios, obedeciéndolo, pero
Dios tenía un plan maravilloso
mas allá de lo que Abrahán
pudo ver. Así fue con nosotros.
Esa fue la prueba de fe para
Abrahán. La prueba de fe para
nosotros fue salir a Honduras
cuyo lugar no conocíamos.
Fueron momentos angustiosos,
y agonizantes. Sinceramente las
pruebas sacudieron nuestra fe.
No fue nada fácil.
Tuvimos muchas
dudas. Fue algo
que probo nuestra
fe y nuestro valor
como nunca antes.
Pero nos aferramos
a la promesa, y al
llamado que El nos
había dado desde
el principio. Y Dios
tenía un plan